¿Cuántas veces nos habremos lamentado de todos aquellos defectos que tenemos? El bienestar consiste en encontrar ese equilibrio personal que nos permite estar en paz con nosotros mismos. ¿Por qué tenemos siempre que mirar las cosas a partir del lado oscuro y negativo?
Hundirse en uno mismo, rebuscar en los errores, tropezar con los recuerdos hasta caer, no significa que no podamos o no debamos levantarnos de nuevo.
¿Qué significa realmente armonía? ¿o bienestar?
Mucha gente podría responder estas dos preguntas con una sóla palabra: perfección. Si buscas la armonía, buscas la perfección. Si quieres sentirte bien, verte bien y dejar que los demás también te vean bien, tienes que estar perfecto/a. La perfección no consiste (aunque mucha gente piense lo contrario) en tener un cuerpo esquelético, unos ojos azules y el pelo rubio. La perfección no tiene reglas, ni normas, ni colores, ni formas. La perfección la crea uno mismo poniéndole el color, la forma, el nombre y el tamaño que quiera. La perfección es versátil, polifacética, abstracta, pero sobretodo (y lo más importante) única.
Con este texto quiero transmitir, (y a ser posible concienciar), que no merece la pena ver el vaso medio vacío cuándo podemos tenerlo rebosante de agua, teniendo a la mismísima perfección rozando nuestras manos y estando dispuesta a dejarse atrapar.