Hay momentos en la vida, en los que te das cuenta de que hay oportunidades que no puedes dejar escapar, en cambio otras veces no eres conscientes de ellas. ¿Lo peor? El arrepentimiento de después, el pensamiento que merodea por tu cabeza, repitiéndote ansiadamente una y otra vez la típica frase de "no sé cómo fuíste capaz de dejarlo escapar". Por eso, hay que mantener los ojos bien abiertos ante cualquier situación que pueda ofrecerse, porque nunca es tarde para que el destino llame a tu puerta
inesperadamente.
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